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Irán y Argentina?
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron una ofensiva masiva contra Irán. Aviones de combate y drones bombardearon instalaciones militares, bases navales y sitios nucleares. La respuesta iraní incluyó misiles contra objetivos israelíes y estadounidenses y el cierre del estrecho de Ormuz, clave para el transporte mundial de crudo. El resultado inmediato fue un salto del 11 % en la cotización del Brent y del 9 % en el gas natural en una sola semana. La incertidumbre geopolítica y el temor a un desabastecimiento dispararon la volatilidad de los mercados internacionales.
La visión oficial: un “shock” favorable
Ante este panorama, el presidente argentino Javier Milei afirmó que la guerra abre una oportunidad para su país. Subrayó que, como exportador neto de energía y alimentos, Argentina mejorará sus términos de intercambio gracias al encarecimiento del petróleo y de los principales granos. Aseguró que la subida de los precios internacionales podría acelerar la acumulación de reservas y que el país sobrepasaría su meta anual de diez mil millones de dólares. Otros medios confirmaron que Milei considera que el alza del petróleo, la soja, el maíz y el girasol generará un flujo extra de divisas que facilitará el acceso a financiación externa.
Los analistas de mercado coinciden en que las empresas petroleras con mayor exposición a precios internacionales se benefician. Un informe de una sociedad de Bolsa destacó a Vista Energy como la principal ganadora, por su capacidad de exportar crudo al precio Brent. Otras compañías, como YPF y Pampa Energía, tienen más limitado el traspaso del aumento del crudo al mercado interno debido a fórmulas de precios y coberturas previas.
El motor agroexportador
El sector agrícola también percibe un impulso. Los precios de la soja, el maíz y el trigo suben a niveles no vistos en casi dos años, y los productores buscan aprovechar el contexto antes de que los mercados se ajusten. La reducción de retenciones y la promesa oficial de seguir bajándolas alimentan las expectativas de mayores despachos. Buques de harina de soja y otros productos siguen saliendo desde Rosario hacia destinos como Irán, India y Vietnam.
Sin embargo, el panorama no es solo de bonanza. Informes especializados advierten que el encarecimiento del petróleo repercute en toda la cadena logística: suben los fletes marítimos, se encarecen los fertilizantes y aumenta el costo de los combustibles en los puertos argentinos. El Golfo Pérsico concentra cerca de la mitad de la oferta mundial de urea, y la guerra pone en riesgo ese suministro, lo que anticipa déficits del 25 % al 35 % en grandes mercados. Esto amenaza la próxima campaña agrícola y puede encarecer la producción local. Economistas argentinos señalan que el aumento del precio de los combustibles, de entre un 7 % y un 8 %, ya se traduce en mayor inflación y podría agravarse cuando el país deba importar gas natural licuado para el invierno.
Energía cara e inflación interna
Otra publicación explica que el impacto de la guerra es de doble filo: permitirá capitalizar el rol exportador de energía y granos, pero encarecerá los combustibles y recalentarán los precios al consumidor. El presidente de YPF advirtió que si el Brent se mantiene por encima de 100 dólares durante tres meses, las naftas y el gasoil subirán aún más. Cada dólar adicional en el precio del crudo supone millones de ingresos extra para la petrolera, pero la empresa no puede trasladar de inmediato esos incrementos a los surtidores por la regulación vigente. El mismo análisis recuerda que Vaca Muerta garantiza el autoabastecimiento, aunque falta infraestructura de oleoductos para aumentar rápidamente las exportaciones.
Economistas advierten que, aunque el gas local no subirá de precio por ahora, el encarecimiento del gas natural licuado y del crudo puede trasladarse a los costes de generación eléctrica. Otros especialistas relativizan ese impacto porque la matriz energética argentina es mayoritariamente gasífera, pero coinciden en que habrá presión sobre la inflación.
Comentarios y debates ciudadanos
En las redes sociales y foros de opinión, el debate sobre el supuesto beneficio de Argentina deja ver opiniones divididas. Algunos usuarios aplauden que el país tenga varias opciones para generar ingresos gracias a sus recursos naturales y agrícolas; otros celebran la solidez del sector agropecuario. Muchos señalan que, con precios altos, conviene exportar cuanto antes para aprovechar el contexto. No faltan críticas: varios recuerdan que empresas industriales que se beneficiaron del proteccionismo ahora son incapaces de competir por falta de inversión y tecnología. Otros reclaman una reforma impositiva profunda para que el país despegue. También se destaca la preocupación por la inflación, ya que el aumento de los combustibles impacta en la logística y se traslada a la canasta básica.
Oportunidad sí, pero con cautela
La guerra en Medio Oriente ha elevado los precios de la energía y los alimentos, beneficiando a países exportadores como Argentina. El gobierno confía en que este “shock” de precios permitirá fortalecer las reservas, mejorar la balanza comercial y atraer inversiones a Vaca Muerta. La realidad es más compleja: el encarecimiento del petróleo y de los fertilizantes presiona la logística, amenaza con acelerar la inflación y obliga a vigilar de cerca el impacto en el mercado interno. El campo y la industria energética pueden ganar, pero el bolsillo de los consumidores ya siente los efectos. Argentina deberá aprovechar las ventajas de sus recursos naturales sin descuidar la estabilidad macroeconómica ni la competitividad de su industria si quiere ser, de verdad, la gran ganadora de esta guerra.
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