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"Mucho peor" que el tsunami de 2010, dicen chilenos que perdieron todo en los incendios
Hace 16 años un terremoto seguido de un tsunami arrasó la región de Biobío, en el sur de Chile. Pero para sus habitantes, lo que viven con los incendios forestales que han destruido varias localidades desde el fin de semana es mucho "peor".
En 2010 "se pasó mal. Se perdieron muchas cosas; se salió el mar y se llevó casas. Se sufrió también, pero esto fue peor. Tres veces peor", dice Daniel Muñoz, de 69 años, en un barrio de Lirquén, un pequeño poblado portuario convertido en epicentro de los incendios a 500 km al sur de la capital chilena.
Este jubilado intenta limpiar los escombros que quedaron de su casa, completamente destruida junto con gran parte del resto del poblado durante el incendio que el sábado, en cuestión de horas, devoró todo a su paso.
Más de 3.500 bomberos combaten 14 incendios que han consumido cerca de 35.000 hectáreas en las regiones de Ñuble y Biobío. Unas 1.000 casas fueron destruidas o dañadas y 19 personas murieron.
"Fue un infierno. Imagínese: había una población entera y se perdió todo", dice Muñoz.
En su barrio apenas queda en pie un gimnasio y una sede vecinal, que ahora funcionan como un albergue y comedor improvisado para atender a los afectados.
Para sus vecinos, la destrucción en este barrio de Biobío supera a la que dejó el terremoto de 8,8 de magnitud y un tsunami el 27 de febrero de 2010, cuando más de 500 personas murieron en Chile, un centenar de ellas a causa de las olas de más de 10 metros que se produjeron.
- "Como una bomba atómica" -
Los incendios forestales se iniciaron la tarde del sábado, avivados por las altas temperaturas y fuertes vientos en el verano austral chileno.
Los pobladores recuerdan que fue todo muy rápido.
"En una hora y media las casas ya estaban consumidas", relata Raúl Muñoz, un jubilado de 68 años, que también reside en Lirquén y que huyó horas antes de que las llamas llegaran al lugar. Cuando volvió todo estaba hecho cenizas.
"Esto es mucho más grande" que el terremoto de 2010, afirma. "Para para mí es como una guerra", dice.
Nancy Parra, otra vecina afectada, recuerda que "para el terremoto se cortó la electricidad, el agua, hubo desastre, pero las casas quedaron" en pie.
En las calles donde vivía Nancy, alguna vez adornadas por pequeños árboles, ahora se apilan las planchas de zinc de los techos destruidos. El humo en el ambiente hace arder los ojos a los pocos minutos.
"Esto es como una bomba atómica. Aquí no quedó nada, nada", lamenta Parra, de 57 años y trabajadora de un supermercado.
El domingo comieron allí 25 personas y este lunes esperaban otras diez.
Raúl Muñoz lamenta que probablemente el poblado ya no será como antes. "Es muy fuerte vivir lo que vivimos", afirma.
C.Smith--CPN