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La onda expansiva del bombardeo de EEUU quiebra en "pedacitos" la psiquis del venezolano
J no puede dormir desde la captura de Nicolás Maduro. Toma somníferos para espantar los recuerdos de las explosiones, la desesperación y, sobre todo, el terror a otro bombardeo estadounidense a una Venezuela al borde del estrés postraumático.
Aún recuerda la humareda anaranjada desde Fuerte Tiuna, donde Estados Unidos atacó el 3 de enero para llevarse a Maduro y su esposa. Su apartamento, a unos 500 metros de ese complejo militar en Caracas, se tiñó de amarillo por la inédita incursión en este país sin guerras desde el siglo XIX.
Revive la vibración descontrolada de su cama, su hijo aferrado a su cuerpo, el griterío descarnado en los pasillos de su edificio... Escenas que escupe con voz temblorosa.
"Las cosas que sucedieron ese día ya no puedo verlas, soy muy sensible", cuenta J bajo anonimato. "Pasa un camión durísimo o suena una corneta (bocina), cualquier cosita, y uno se despierta, incluso tomando pastillas".
"Siento inseguridad, vergüenza, rabia, siento muchas cosas, pero principalmente siento miedo", reconoce. "Me da terror que mi hijo salga y pase algo", dice, sin mencionar la palabra bombardeo.
El temor amordaza en Venezuela tras años de un represivo control estatal y con cientos de presos políticos. Además, un estado de conmoción castiga con prisión a quien apoye el ataque estadounidense e impone un silencio que contrasta con las populosas manifestaciones de la diáspora.
Los problemas de sueño y pensamientos negativos recurrentes muestran un estrés postraumático producto de un "miedo intenso", identifica la psicóloga social Yorelis Acosta.
"¿El daño psicológico quién te lo arregla?", se cuestiona J, en sus cincuenta años, madre de un adolescente.
- "Pedacitos" -
Los venezolanos, apunta Acosta, "están realmente en un estado de alerta importante" luego de que Donald Trump bombardeara la capital y zonas aledañas, con un saldo que ronda el centenar de muertos.
El mandatario republicano, que dice estar a cargo de Venezuela, ha aclarado estar listo para nuevos ataques de ser necesario.
J solo intenta "recoger los pedacitos" que la onda expansiva quebró dentro de sí. Se protege detrás de la inicial de su nombre, al igual que L, quien desde uno de los complejos habitacionales civiles en Fuerte Tiuna vio los helicópteros y las flamas de frente.
"Ya sé que puede ocurrir un bombardeo, que depende de a quién se le antoje", sopesa L.
Ahora, una muda de ropa cuelga de su puerta y en su armario hay mochilas de emergencia con alimentos enlatados, botellas de agua, tapabocas, gasas, solución sódica, un cuchillo... "Me falta todavía meterle linternas y galletas", enumera.
Es lo que puede "controlar": prepararse para que otro bombazo no la "agarre dormida". "No puedo parar mi vida en función de que me gane el terror. No te digo que no tengo, pero debemos seguir", asegura L, madre de dos, sin intenciones de ir a terapia.
La salud mental es tabú y lujo en este país en crisis perenne. El mismo 3 de enero, la Federación de Psicólogos de Venezuela extendió los horarios de su línea gratuita de atención. Los teléfonos no paran de sonar.
La mitad de las llamadas se deben a "síntomas vinculados a ansiedad, ataques de pánico, en donde la persona se encuentra muy alterada, angustiada", explica la psicóloga Paola Hernández, coordinadora de la línea.
- "Represalias" -
M muestra en su celular una foto que, de tanto rodar, llegó a ilustrar un artículo de la revista Time: una humareda anaranjada y gris se alza desde Fuerte Tiuna, vista desde el barrio que lo bordea, de precarias viviendas de bloques y techos de zinc.
La borra sin pensarlo dos veces. "Yo no puedo andar con eso, imagínate si me consiguen eso en la calle", zanja.
Oenegés como Espacio Público reportan revisiones sin orden judicial a celulares en alcabalas policiales en Caracas y otras ciudades. Rastrean palabras como "bombardeo", "Trump" y "Maduro" en plataformas de mensajería y esculcan las galerías de fotos.
"Esa normalidad, ese silencio que vemos en la calle, que no ha pasado nada, para mí tiene que ver con desesperanza aprendida, con miedo" a "tener represalias de entes de seguridad", señala Acosta.
Más de 700 personas están detenidas por razones políticas, contabiliza Foro Penal, y decenas cayeron por mensajes en redes críticos al gobierno.
J está asustada en la calle, asustada en su casa. No encuentra sosiego tras el bombardeo. "Hay que pedirle mucho a Dios que no nos pongan en una situación nuevamente igual", dice con el llanto en la garganta.
"Lo único que tenemos es el presente".
H.Meyer--CPN