-
El ciclón Arnab toca tierra en India y obliga a decenas de miles de evacuaciones
-
Trump flexibiliza normas que impedían a productores de petróleo y gas liberar metano
-
Al inicio de su visita al Caribe, Carlos III reconoce los "sufrimientos del pasado"
-
Carlos III comienza gira caribeña marcada por pedidos de reparaciones por la esclavitud
-
Trump recurre a medidas drásticas para sembrar dudas antes de las elecciones en EEUU
-
Los principales temas de las elecciones legislativas de medio mandato en EEUU
-
La UE desea reforzar Frontex y ampliar sus competencias para expulsar migrantes
-
Comienza el juicio de un grupo de jóvenes contra el estado de Canadá por la acción climática
-
Mbappé arrepentido por ofender "sentimientos nacionales" tras una ola de repudio en China
-
HSBC anuncia que su utilidad neta se disparó un 45% en el 3T, pero no logra las previsiones
-
Australia advierte sobre una amenaza "sin precedentes" de la IA
-
EEUU advierte que el préstamo de la UE a Airbus pone en riesgo su acuerdo comercial
-
Harry Kane, el goleador inglés que tuvo que hacer las maletas para triunfar
-
Un tornado deja al menos 70 viviendas dañadas en la zona central de Chile
-
Multitudes celebran en Serbia la victoria del movimiento estudiantil en las legislativas
-
SpaceX cierra un acuerdo de arrendamiento de chips de IA
-
El sospechoso del atentado en Francia refuta el "carácter racista" de su ataque, dice el fiscal
Combates de toros lejos de los rascacielos de Dubái
Lejos de los rascacielos de Dubái y de las carreras de camellos en el desierto, la tradición de los combates de toros, costumbre poco conocida de los Emiratos Árabes Unidos y denunciada por las oenegés, se perpetúa desde hace décadas en Fujaira.
"Miren cómo luchan", exclama el comentarista en una pelea en la aldea de Al Qurayah (noreste). Cabeza contra cabeza, dos toros cargan, rodeados cada uno de tres o cuatro "asistentes", listos para intervenir tirando de una cuerda, atada al cuello o a una pata del animal.
El combate dura entre uno y dos minutos, pero otros duran más de una hora.
Cuando algunos toros se acercan peligrosamente al público, las personas abandonan apresuradamente sus sillas.
Unos 200 espectadores acudieron a la cita.
Los hombres están sentados alrededor de la arena, las mujeres en su mayoría se quedaron en los coches aparcados justo detrás y los niños se subieron a los techos de los 4X4 y de las Pick up.
Camiones cargados de ganado convergieron de toda la región. El silencio dio paso a los mugidos de una cincuentena de toros esparcidos alrededor de la arena, amplio terreno de tierra batida, atrapado entre montañas rocosas y las aguas del Golfo de Omán.
En una granja cercana, Issa explica la tradición mientras se enrolla una manga de su kandura -vestido tradicional usado por los hombres- y sumerge el brazo en una enorme olla, revolviendo una mezcla hervida de trigo, dátiles, hierbas y pescado, altamente nutritiva para los toros.
Con la ayuda de seis empleados, prepara una parte de los 17 animales de la granja para las peleas semanales entre bovinos, después de la gran oración musulmana del viernes. "Vamos a verlos, tomamos su temperatura y luego los alimentamos", explica.
- Tradición que se transmite de padre a hijo -
A diferencia de la tauromaquia, popular en países como España y México -donde los toros son generalmente abatidos por toreros-, en Fujaira dos bestias con cuernos se enfrentan con consecuencias mucho menos fatales.
Sin embargo, algunas oenegés critican estas luchas, como el Fondo Internacional para la Protección de los Animales. "La historia está marcada por malas tradiciones, por lo que no hay que continuarlas", declara a la AFP Elsayed Mohamed, director regional de la ONG.
Sin embargo, Issa y su familia desean conservar esta tradición y aseguran su continuidad apareando los toros con las vacas locales.
"Si vemos un toro que nos gusta, podemos comprarlo", precisa Khatam, tío de Issa. El precio oscila entre 1.140 y 1.700 dólares para un toro de unos meses, y aumenta para un adulto, subraya, recordando su "muy valiente Golden", adquirido por unos 10.780 dólares.
Los toros, que antes se importaban de Asia, especialmente de India y Pakistán, se utilizaban en la región para labores agrícolas, pero la llegada de las nuevas tecnologías hizo que su papel quedara obsoleto.
"Tuvimos la idea de organizar corridas de toros y hacer de ellas un entretenimiento, un momento de reunión. Es una tradición que se transmite de padre a hijo desde hace décadas", explica Issa, que afirma inculcarla a sus seis hijos. "El toro que gana es el que muestra más valor y no huye", explica.
Los propietarios no obtienen ningún premio, según él.
"Es una tradición antigua", popular desde Fujaira hasta los alrededores de Mascate, la capital del vecino sultanato de Omán, explica Mohamed Al Suraidi, otro espectador.
Pero la reputación de los combates en Fujaira va mucho más allá gracias a las redes sociales, asegura Issa, cuyos sobrinos transmiten los combates en directo en Instagram y TikTok.
A.Levy--CPN